Una nueva constitución, pero sin ellos

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Una gran dicotomía es la que vive la clase política económica neoliberal al enfrentar el proceso revolucionario cultural. Las aspiraciones de las estructuras de los partidos políticos v/s el anhelo del pueblo movilizado. 

El instinto de supervivencia de los políticos profesionales se encuentra en su máxima expresión. Lo que se traduce en el rapto del proceso constituyente, por la vía de la institucionalidad pactada, mediante negociaciones espurias, de espalda a las demandas populares y con el rechazo total a las expresiones de las organizaciones sociales. Un marco constituyente creado por ellos, con sus reglas, para subsistir. 

Mientras en el país, se cometen violaciones sistemáticas de derechos humanos. La clase política pacta una serie de leyes con el Gobierno que representa lo más mundano del espíritu fascista pinochetista, arraigado en las diferentes expresiones políticas de la derecha económica. 

La evidente lucha de clases y las profundas contradicciones del sistema neoliberal, son censuradas y descontextualizadas por los medios de comunicación tradicionales. Dueños de medios de comunicación y sus equipos de prensa, una vez más, son cómplices pasivos en la búsqueda de la criminalización de la protesta social. 

La izquierda institucionalizada expresada en el sistema de representación, ha dado muestra fehaciente de que una vez más, el sistema no se puede cambiar desde dentro. Se demuestra que la tesis de incidir en el estado, es una falacia argumentativa ejemplificadora. 

Por otro lado, las organizaciones sociales tradicionales, que durante 30 años han sido dependientes del cuoteo político partidista, han demostrado no estar a la altura del desafío de tomar las riendas de la voluntad popular. El fracaso del pseudo sindicalismo a la chilena, es otra evidencia, del desplome total de las instituciones. 

Represión ha sido la respuesta de la política tradicional  a la ira de los chilenos en contra del sistema neoliberal. En más de 100 días de movilización permanente, aún no se toca una coma del Chile capitalista norcoreano. 

Los cabildos silenciados por los mismos que se bañan en la representación popular, se dieron cuenta que no cuentan con la confianza para usufructuar de manera electoral los espacios. Por los tanto, los han abandonado a su suerte, como siempre lo han hecho. 

Mientras quiénes ostentan un 3% de aprobación, aprueban de manera diaria leyes que dijeron que eran imposibles de aprobar (todas con letra chica).  Tratan de demostrar que ellos son el elixir de sabiduría que la ciudadanía necesita. Pero la verdad es que no los necesitamos, no los deseamos, no nos representan.

Es necesario construir un nuevo paradigma democrático, basado en nuevos valores, sin ellos, sin los mismos de siempre. Ya no nos sirven y no se pueden seguir sirviendo de nosotros. 

Pablo Benavides, Director asambleapopular.cl

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