#LaColumna: La paz no se decreta. Un itinerario construido sin los ciudadanos movilizados

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1. El escenario donde se construyó un acuerdo.

En los días previos al 15 de noviembre algunos noticieros y matinales se hacían eco de una declaración del Presidente de Renovación Nacional que decía que quedaba poco tiempo para lograr un acuerdo…  La frase se siguió repitiendo como mantra y a las horas comenzamos a seguir las frenéticas carreras y noticias que hablaban de conversaciones, ofertas y contraofertas para destrabar un acuerdo. Toda la escena se desarrollaba en el viejo salón donde funcionaba el congreso nacional en la república que conocimos hasta el golpe fascista del 11 de septiembre de 1973, sus actores, presidentes y miembros de diversos partidos de gobierno y varios de oposición.

En las semanas anteriores numerosos cabildos se habían autoconvocado en diversos puntos del país, los requerimientos se repetían una y otra vez, y se podrían compilar en dos líneas generales, algunas cuestiones sociales de emergencia como pensiones, sueldo mínimo, precio de servicios e insumos básicos y otra gran línea, asamblea constituyente para reemplazar la constitución de la dictadura.

Era el jueves 14 de noviembre, en todo el país se vivía una jornada de violencia callejera en la semana más álgida que se había vivido desde el levantamiento popular del 18 de octubre. El 12 de noviembre el llamado a huelga general realizado por sindicatos portuarios, mineros, de docentes, trabajadores públicos y de la coordinadora sindical No+AFP, agrupados en la Mesa de Unidad Social, había tenido amplia convocatoria en todo el país, el 14, se recordaba el asesinato (aún sin justicia) de Camilo Catrillanca… El gobierno estaba en sus días más débiles, arrinconado, sin capacidad de respuesta y sin claridad política para instalar alguna salida a un conflicto que iba en escalada.

En el texto del acuerdo los partidos que suscriben se comprometen a sus esfuerzos para garantizar la paz social y el restablecimiento del orden público. Extraño compromiso de quienes no conducían ni tenían injerencia en la conducción de las masas movilizadas, extraño además cuando la mayoría de los firmantes se habían dedicado en las semanas anteriores a condenar la violencia, relegando discursivamente a calidad de parias a sus autores.  Y acá nos surge la pregunta, después de años, de protestas, de cientos de marchas (varias de ellas con capacidad de movilizar a cientos de miles y millones de personas), de huelgas prolongadas y de una permanente apuesta a desgastar – y reprimir intensamente- a los manifestantes y huelguistas de todo tipo,  ¿qué fue lo que hizo cambiar el eje de los acuerdos políticos, la masividad de la protesta, su carácter sostenido en el tiempo, la violencia de las mismas?  El caso es que, como todo proceso de cambios radicales, la amenaza afectiva y real sobre el gobierno generó un escenario político que deseábamos desde hace mucho tiempo.

2. Las críticas al acuerdo, cuestión de tiempos, de posiciones jurídicas y de incertidumbres.

Mucho se ha repetido la crítica en torno a que el acuerdo se sella sin los actores movilizados. Si bien es cierto, una de las opciones posibles, altamente posibles, es que un conflicto político se cierre en la esfera política, no es menos cierto que el escenario actual hacía aconsejable actuar con cautela, con pausa, la presión no estaba en la oposición, sino en el gobierno. El gobierno se había dedicado a construir la caricatura que dividía entre la oposición dialogante y la violentista. Era la oportunidad de obligar a los partidos de gobierno a pronunciarse, entre los que apostaban por la construcción de acuerdos para salir de la crisis y los que iban a jugar chantajes para tratar de mantener la herencia de la dictadura, la fisura entre la UDI y el resto de las fuerzas de gobierno era evidente, con la derecha confundida, en al menos dos o tres líneas, ceder a chantajes para el acuerdo solo les dio opciones para mejorar su posición.

Era el momento de pensar, hacer una pausa y bajar a conversar con otros actores diferentes a los del mundo político institucional.

Las debilidades conceptuales del acuerdo

Aunque el apartado habla de las debilidades del acuerdo hay que asumir que genera un escenario deseable, pues abre la posibilidad de terminar con la constitución dictatorial y con la herencia neoliberal.

Dicho eso, vamos a los nudos críticos:

1. El plebiscito de abril, para abolir la constitución es voluntario.  Cuál es el criterio para hacer que la votación matriz del proceso, al famoso plebiscito de entrada sea con voto voluntario?  La historia reciente nos demuestra que en estos escenarios el voto conservador es más enérgico y disciplinado que el voto del mundo popular. Por eso se hace clave que el proceso y sus contenidos sean claros y el derrotero de cada uno nítido y con las menores dudas posibles.

2. La elección de delegados constituyentes se hará efectiva bajo las reglas de las elecciones de diputados. Aquí comienzan las discusiones más complejas:

a. La participación de los independientes. El sistema electoral vigente establece un piso de entrada casi infranqueable a los independientes, aún así,  si lograsen cumplirlo, el sistema de cifra repartidora garantiza el control del resultado a los partidos políticos(1).

b. El sistema vigente no garantiza la participación de cuotas de género o pueblos originarios

c. El mismo sistema restringe la posibilidad de participación  de dirigentes de organizaciones sociales.

d. El mismo sistema establece normas de financiamiento, que, una vez más tienden a dar el control de la elección a las máquinas electorales que ya conocen el ritmo de los procesos.

3. A su turno, el acuerdo establece que la elección de delegados constituyentes se debe realizar en conjunto con la elección municipal y de gobiernos regionales. Estará, entonces sujeta a las relaciones clientelares y del caudillaje de las elecciones locales. Se imagina a una alcaldesa ex bailarina de show de TV organizando fiestas masivas para su campaña, acompañada de su candidato a delegado constituyente, mientras se regalan osos de peluche a sus asistentes? Se imagina a los candidatos y sus “operativos ópticos” en comunas populares? Bien, pues todas esas prácticas que no poco frecuentes en las elecciones locales se podrán cruzar con la votación más importante que hayamos visto en 30 años, la votación para la primera constitución generada en democracia.

4. Los cerrojos del sistema de representación vigente se traspasan a la elección de los constituyentes; ahí los partidos hegemónicos seguirán manteniendo el control. La debilidad del mundo popular en esa línea será la gran barrera, pues, no se visualiza instancias orgánicas de funcionamiento local o territorial, que permita descomprimir de cierta manera el rol preponderante de esos partidos. La instalación de una convención constituyente no garantiza la generación de otras formas de participación ciudadana(2) que eviten las desviaciones propias de la delegación de la facultad constituyente en el mero voto y elección de delgados.

Así, el mundo popular movilizado y hasta ahora al margen de la política institucional seguirá donde mismo.

5. La hoja en blanco y el discutido quórum.  Mucho se ha hablado del quórum de 2/3 para la generación de acuerdos, se ha elaborado incluso una errada tesis acerca de la trampa de los 2/3 y el contraposición, varios medios han publicitado cartas firmadas por profesores de derecho desacreditando esa hipótesis.

La famosa “hoja en blanco” con quórum de 2/3 establece un criterio firme. Solo entran al texto de la constitución aquellas materias en las que exista un amplio acuerdo. El resto, donde no exista quedará entregado al congreso. Dicho en sencillo, si no hay acuerdo para que una materia ingrese a la constitución, será materia de discusión legislativa.  

Puesto en esos términos, es el ejercicio de la democracia en su más amplia expresión. Esta declaración virtuosa puede esconder en sí misma un riesgo.

Es un hecho que las movilizaciones aún en curso tienen varios temas, pensiones, salud, y una lista de derechos sociales básicos, pues bien, si no hay acuerdo acerca de su incorporación como materia constitucional, quedarán sujetos al juego de las mayorías simples en cada elección. ¿Está usted disponible a que la garantía de derechos sociales mínimos sea botín de cada elección parlamentaria?

Si esto le parece complejo, hay otra cuestión aún más delicada. Materia discutible, pero en una materia altamente sensible se hace necesario poder trabajar sobre los más amplios grados de certeza. La reforma constitucional de junio de 1989 estableció el deber del estado de garantizar y promover los derechos humanos garantizados en la constitución y en los tratados internacionales ratificados por Chile y que estén vigentes(3). Desde esta reforma se ha desarrollado la progresiva incorporación de las normas internacionales sobre derechos humanos como criterio decisorio en cuestiones internas. Pues bien, como ha dicho el Profesor Claudio Nash, Doctor en Derecho de la Universidad de Chile y Coordinador de la Cátedra de DD.HH. de la misma Universidad:

“Será necesario llegar a un acuerdo sobre el rango o jerarquía de los tratados internacionales de derechos humanos. Esta es una cuestión fundamental para la plena vigencia de los derechos humanos en el ámbito interno. Nuestro sistema es jerárquico y, por lo tanto, es relevante que los instrumentos internacionales de derechos humanos estén en la cúspide de la pirámide normativa y desde ahí puedan irradiar todo el sistema jurídico, las leyes, las decisiones de los jueces, las políticas públicas etc.” .

Claudio Nash. “El debate de la regla de los 2/3 y los DD.HH.”
https://radio.uchile.cl/2019/11/18/el-debate-de-la-regla-de-los-23-y-los-dd-hh/

Hasta ahí, como ejemplo, dos cuestiones sensibles que pueden quedar sin consagración constitucional a propósito del elevado quórum de acuerdos.

La regla de 2/3 se ha extendido además al reglamento de funcionamiento de la convención, eso amenaza en su momento con constituirse en una camisa de amarra para los constituyentes, el escaso rango de acción que se genere puede también provocar rigidez en el funcionamiento de la convención.

Sobre todo lo anterior el acuerdo abre sus debilidades e interrogantes: ¿Está cerrado el punto 4 sobre sistema electoral de los delegados constituyentes?, ¿Está en la agenda de los partidos que suscribieron esas modificaciones?, ¿Estarán disponibles los votos para cumplir con el quórum de 4/7 para una reforma  a la ley de votaciones, estará disponible el gobierno para suscribir esa reforma? De no ser así, tendremos un problema complejo entre manos. Finalmente, he leído entrevistas y notas que dicen que la hoja en blanco y los 2/3 fueron los temas que hicieron tambalear el acuerdo, ¿Habrá  espacio para rebajar el quórum de 2/3?.  

3. La agenda mínima pendiente.

Desde el inicio de la movilización surgió la idea establecer dos escenarios que abrieran opciones para salir de la crisis. Ambas suponían que estos debían surgir desde las movilizaciones y desde las organizaciones sociales y no desde el mundo político institucional; “hay que evitar la salida por arriba” se escuchaba en los primeros cabildos autoconvocados.

Así se instaló un agenda mínima de reivindicaciones sociales además de nueva constitución a través de una asamblea constituyente.

Es un hecho que la discusión sobre el monto de las pensiones y el sistema de AFP encabeza el malestar público, lo mismo acontece con el valor del sueldo mínimo y la línea de la pobreza, mejorar la salud, frenar el alza de servicios básicos(4). Esa agenda mínima, impulsada con energía y expresada en proyectos de discusión inmediata podría haber tenido la capacidad para dar un giro a los hechos.

Hoy se hace insuficiente. Las numerosas y alevosas violaciones a los DDHH cometidas por agentes del estado desde el 18 de octubre obligan a integrarlos como parte de un mínimo ético y político insoslayable.

Esos temas deben estar en una agenda social mínima de intervención inmediata.  Esa misma, se quedó fuera del acuerdo por la paz social y la nueva constitución.

Es un hecho, que de no mediar acuerdos explícitos y rápidos el ciclo de protestas no se detendrá.

Las grandes masas de personas en protestas no salieron solo por un cambio institucional que impactará su vida en unos años más, el modelo ya los expulsó por mucho tiempo, al parecer, no hay más tiempo para la espera.

4. La soberanía del constituyente.

Como ya se ha dicho el acuerdo del 15N contiene una serie de temas que generan más dudas que certezas.  Sin embargo, un tema fundamental nos queda pendiente.

El modelo de elección de representantes, controlado por los partidos hegemónicos, en conjunto con la modalidad de trabajo “hoja en blanco”, no garantizan la presencia de mínimos en la constitución que debiera ser presentada a votación popular para ser ratificada. En sencillo se tratará de un sistema de delegación absoluta, donde, más allá de la votación los electores no tendrán control respecto de las actuaciones o votaciones de los delegados constituyentes. La historia reciente no entrega garantías.

¿Cómo enfrentamos ese riesgo? La única respuesta posible es ampliar la democracia constituyente, radicando la soberanía en el pueblo y no en la Convención o Asamblea Constituyente.

Si en abril se someterá a votación la continuidad o reemplazo de la constitución de la dictadura tenemos también la posibilidad de plebiscitar contenidos mínimos de la nueva constitución. Votados por capítulos, derechos fundamentales y garantías constitucionales, tipo de estado, descentralización, poderes del estado, etc.

Así, por ejemplo, en materia de derechos sociales o vigencia de los derechos humanos reconocidos en los tratados internacionales se podrá preguntar si estos deben o no quedar reconocidos en la constitución.

Una constitución de mínimos no se opone a una constitución de mínimos definidos por el soberano de origen, la delegación de la soberanía puede ser un riesgo que no podemos jugarnos.

5. La paz no se decreta

Los partidos que suscribieron se comprometieron a garantizar el retorno de la paz y el orden público… Sin embargo, no hay palabras de condena a explícita a las múltiples y alevosas violaciones a los DDHH cometidas por fuerzas armadas y carabineros desde que se inició la revuelta social.

Mientras tanto, al día siguiente de la firma carabineros estuvo involucrado en la muerte de un manifestante en la ex Plaza Italia, hoy Plaza de la Dignidad. La noche del lunes 18 de noviembre, varias personas fueron acorraladas por la represión policial y debieron arrojarse al lecho pedregoso del río Mapocho para evitar los disparos a quemarropa de escopetas antidisturbios y de lacrimógenas.

La paz no se decreta, menos aún cuando la policía armada sigue con sus altos y desproporcionados métodos de represión.

El mismo estudio Pulso Ciudadano, antes citado, sobre una muestra de 2000 personas y con una distribución proporcional por estratos de consumo, nos revela tres cosas muy relevantes:

  • Solo el 42,6 % de la muestra señala que el acuerdo es claro o muy claro.
  • El 70,6% cree que las manifestaciones pacíficas no cesarán con solo el acuerdo suscrito.
  • El 71,5% cree que las manifestaciones violentas no cesarán con solo el acuerdo suscrito.

Si el acuerdo fuera tan virtuoso, debiera generar por si solo la tan anhelada paz. ¿Qué falta entonces?, junto a lo que se ha mencionado más arriba, falta que los partidos hegemónicos asuman su responsabilidad por el menosprecio y su intento permanente de cooptar y amañar los diversos reclamos surgidos durante tanto años desde diversos sectores, falta que los partidos de gobierno reconozcan que han sido parte del problema, en tanto han actuado defendiendo intereses de los poderosos, falta que los partidos nuevos, los que venían a renovar la política, reconozcan que eso de un pie en la calle otro en la institucionalidad no ha sido del todo exitoso. Pero falta sobre todo una declaración categórica que condene las sucesivas violaciones a los DDHH cometidas por carabineros, su General Director debe ser cesado en sus funciones, el poder político debe desmentir y señalar que todo carabinero acusado de violar los  DDHH será sometido a un juicio y, en los casos de culpabilidad deben recibir el castigo que corresponde. Carabineros debe dejar de reprimir las manifestaciones pacíficas, es un imperativo.

La paz no se decreta, durante largos años las compañeras de las agrupaciones de DDHH, los familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos voceaban en las calles “ninguna democracia se puede levantar, sin terminar primero con tanta impunidad…” su interpelación se hace hoy más viva que nunca.

6. A modo de corolario.

Más allá de la campaña lanzada desde varios sectores para convencer de las virtudes del acuerdo del 15N, las dudas se mantienen, varias de las que se comentan acá ya han sido vistas en otros lados, la acción del gobierno y de la represión policial no dan certezas del un verdadero ánimo de paz.

La oposición no muestra capacidad para conducir el proceso y desmovilizar a la ciudadanía, no hay capacidad, ni representatividad.

El proceso en curso, aún abierto debe incluir al menos claridades sobre los temas abiertos del acuerdo y una agenda social mínima de urgencia (pensiones, ingreso mínimo, deudas cae, precio de insumos básicos), que permite entonces dar claridades sobre los temas institucionales de largo plazo y los inmediatos.

El gobierno y los actores del sistema político recibieron un balón de oxígeno el pasado jueves 15, la movilización no para y debe seguir, es momento de aprovechar el tiempo extra para trabajar.

El escenario sigue abierto, la paz no se decreta….
Será el pueblo quien construya un Chile bien diferente…

Fuentes:

1.- Conscientes de esta crítica, ya algunos partidos salieron “a la caza” de independientes para ligarlos a sus nóminas de candidatos a delegados constituyentes https://www.latercera.com/politica/noticia/ppd-radicales-suman-fuerzas-integrar-independientes-redaccion-constitucional/904239/?fbclid=IwAR1NbtWKaLUJcR5xYQYq8tEGdW3TV60Ya1RsUExEDdYjkldeBJWXzk1AeqQ
2.- PNUD.  Mecanismos de cambio constitucional en el mundo. Análisis desde la experiencia comparada., septiembre 2015, página 17
3.- Artículo 5, inciso 2, incorporado por  Ley 18.825 de 17.08.1989. “ El ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana. Es deber de los órganos del Estado respetar y promover tales derechos, garantizados por esta Constitución, así como por los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes.”
4.- Pulso ciudadano. Proceso constituyente. Criteria Research, noviembre 2019, lámina 49.

Cristián González Santibáñez
SUR Estudios Laborales

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