#LaColumna: Los acuerdos democráticos antidemocráticos

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Llegar a un acuerdo político, señalar que es histórico, que es transversal y que es la salida a una crisis, es parte de la historicidad de la clase política en la defraudación constante del movimiento social en nuestro país. Si lo resumo en una frase, me atrevería a decir “nada nuevo bajo el sol”.

El “Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución” es ahora el salvavidas, a una escala del arca de Noé, de la Clase Política institucionalizada y en el Poder. Los políticos profesionales, auto creados y validados por elecciones periódicas, a lo que llaman “democracia representativa”, son los responsables en complicidad con la élite económica, de la baja calidad de vida de ese 99% de chilenos y chilenas que no tienen acceso al “chorreo”.

Un acuerdo que se fragua entre gallos y medianoche, sin la participación de ninguna organización convocante o movilizada, a un destiempo político exagerado, quizás buscando el desgaste del pueblo en las calles, donde todos los sectores, desde la UDI al FA, se sentaron en una conferencia de prensa, que más que comunicar una sabia decisión, pareció ser el funeral de los privilegios. Se nos presentó un féretro lleno de bonitas firmas de los presidentes de partidos, pero que expele un nauseabundo olor a desconfianza. Sí, la misma desconfianza provocada por los firmantes, en los innumerables casos que los partidos tienen asociados a la palabra corrupción.

Tal como la novela de George Orwell “1984”, el sistema económico político, nos ha hecho creer que el concepto de democracia, es la elección periódica únicamente de representantes, no así de las decisiones que han de tomar “por el bien del país”.  De lado, han quedado los principios acuñados históricamente a la democracia, que en palabras simples la definiría como el “sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. Justamente acá me detengo, “el derecho del pueblo a elegir” no de elegir a sus gobernantes, si no, de controlarlos. ¿Es la elección periódica el único mecanismo de control? De decirnos, este representante, ¿Queremos que siga o queremos que pare?, ¿Podemos los votantes designar a quienes nos representan?

Volviendo sobre este “acuerdo histórico”, es acá que hago el punto. ¿Es democrático y legítimo, que está u otra Clase Política, impongan las reglas de una Nueva Constitución, cualquiera sea el Proceso Constituyente elegido por soberanía popular?, La respuesta es simple, NO. Si vemos el estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre “Mecanismos de cambio constitucional en el mundo”, nos señala en varios párrafos, de una manera comparada, que son los procesos constituyentes en sí mismos,  los que definen los mecanismos en los cuales se redactará una Nueva Constitución.

Una Asamblea Constituyente Originaria, que sería el caso chileno actual, es el proceso cual nace sin estar previsto y surge a partir de decisiones políticas tomadas en el contexto de la crisis política. El PNUD distingue entre aquellas en que el gobierno o las principales fuerzas políticas adoptan un rol activo en su promoción (AC originada “desde arriba”) y los casos donde surge como consecuencia de una presión ciudadana (AC “desde abajo»).

Claramente vemos que este proceso para una Nueva Constitución está naciendo “desde arriba”, como una salida institucional a la crisis del “experimento neoliberal”. Si entramos en detalle al texto presentado y hacemos una analogía con el fútbol.  Lo que propone la clase política son opciones, donde ellos ponen la cancha (el plebiscito de entrada), los jugadores (los candidatos constituyentes), la pelota (hoja en blanco), las reglas (día de elección, forma de elección y los mecanismos), y finalmente el árbitro (el quórum de 2/3). Lo millones de chilenas y chilenos movilizados, una vez más, pasamos a ser sólo espectadores del partido definitorio del campeonato.

Finalmente señalar, que este acuerdo “cocinado” es representativo y democrático, es a lo menos cuestionable. Soslayar netamente la voluntad popular al voto individual, donde los electos no tienen un mandato popular claro, así como, tampoco actos de revocación popular, también es cuestionable. Tenemos que preguntarnos, si una institucionalidad ilegítima desde el origen dictatorial, pueda sentar las bases y reglas de un nuevo proceso Constituyente, es fundamental. La salida a la crisis es con más democracia, pero con democracia de verdad.

Pablo Benavides
Director asambleapopular.cl

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