#LaColumna: Pequeñas grandes victorias

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Un cartel lo resumía muy bien: «son tantas weas que no sé qué poner». Pero hagamos el ejercicio de entrar en detalle. Las cosas ya no volverán a ser como antes. Hay mucha rabia y el miedo se ha diluido con el agua y bicarbonato que ayudan a superar el efecto de las bombas lacrimógenas.

Los chilenos y chilenas ya no confían en ningún político, pero están muy politizados. No quieren más desigualdad, abusos ni humillaciones. Algunos quieren y necesitan volver a la tranquilidad y la rutina del trabajo, otros quieren y necesitan continuar con las marchas y enfrentar el abuso policial con piedras y barricadas, otros quieren y necesitan aprovechar este clima politizado para revivir ese tejido comunitario que la dictadura aplastó. Sin darnos cuentas hemos recuperado el tiempo y el espacio. Ya casi nadie se queda en su trabajo más allá de las 5 de la tarde, las familias van a las marchas o se quedan en sus barrios, en las plazas o en la casa con sus hijos. Si, es una pequeña gran victoria, hemos recuperado el tiempo y el espacio para ser felices cada día.

Los intelectuales fuimos sobrepasados por el estallido de dignidad y desafiados a mirar más allá de nuestros libros, las emociones y los símbolos son una brújula que estamos aprendiendo a leer. ¿Sirven los complejos análisis históricos y políticos? Por supuesto, pero ya no serán lo único importante. El despliegue de emociones es el combustible que le da vigor a este movimiento social. La rabia, la pena y el miedo ya no las esconderemos, nuestros dolores son los dolores de todos y todas. Pregúntele a un paco si está feliz de estar todos estos días en la calle, pregúntele cómo ve su futura jubilación o cuánto le costará darle a su hijo una educación de calidad. He ahí otra victoria: hemos ejercitado la empatía cada vez más.

Nos hacemos una imagen mental de «la gente» o del «pueblo», a la medida de nuestros deseos. Los que están fuera de los partidos políticos ven desde hace años a la política post dictadura con desconfianza, porque muchos diputados, senadores, alcaldes y concejales son los mismos personajes que han abusado del pueblo chileno durante décadas y que han llenado de parientes, sirvientes y amantes el estado. Pero también hemos mirado con desconfianza a los jóvenes que hemos llamado «lumpen». Los estudiantes nos están dando una clase a los adultos, porque esos cabros que llamamos lumpen y los estudiantes secundarios más radicalizados han sido la «primera línea» de defensa contra la represión ordenada por el gobierno. Otra pequeña victoria: la brecha entre las clases medias y bajas se ha reducido gracias a este movimiento social.

Leíamos en las murallas, hace un par de años que «el sueño se hace a mano y sin permiso» y en estos días la frase «contra toda autoridad, excepto mi mamá», ha tomado nuevo sentido. Esa madre es también la abuela que ha salido a protestar, es la ñaña mapuche, la mamá que cría sola a sus hijos y que marcha. Es la mamá que ve salir a su hija o a su hijo a la marcha y le dice «cuídate», esa que tiene miedo que le pase algo a sus cachorros, pero que apaña siempre. Otra pequeña victoria: padres y madres hemos enganchado en la rebeldía con nuestros hijos porque la causa es la misma.

Muchos y muchas han enfrentado sin temor a la policía y los militares durante este mes de marchas y desobediencia civil. Hay muertos y mutilados, violaciones a los derechos humanos en plena «democracia». Si antes teníamos miedo de sacar la voz hoy nos sentimos acompañados en las calles gritando a todo pulmón. El pueblo no quiere dejar de marchar, no quiere dejar de participar en conversaciones con su círculo de amigos, sus familias, sus compañeros de trabajo o en los cabildos que tienen más a la mano. Chile quiere usar esa voz que tanto le han negado. Y ya hemos visto resultados: el TTP 11 no se aprobó, la APEC y la COP 25 ya no se harán en Chile, la Teletón y la PSU se han aplazado… eso que parecía inamovible se ha movido. Vamos por más, se puede lograr eso que deseamos.

A todas esas pequeñas victorias se suma una renovada capacidad para detectar el engaño. Los montajes se desmoronan porque hay miles de fotos y videos capturados con celulares, videos y presentaciones gráficas que resumen y explican de forma simple lo que está pasando.

Y es por eso que desconfiamos del «Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución» porque ¿quiénes son esos jóvenes que cubrieron la Plaza Baquedano, colocando la palabra Paz en el centro, unas pocas horas después de anunciado este «acuerdo»? ¿De dónde sacaron tanta tela? ¿Dónde salieron a comprarlas durante la madrugada? ¿le robaron las sábanas a su mamá? ¿por qué ponen la palabra Paz y no Justicia? ¿Se llama acuerdo por la paz para que dejemos de marchar? Son demasiado torpes, sus engaños ya no pasan colados.

Quizás no estamos totalmente convencidos del poder que tenemos como pueblo unido, pero ellos que se ponen de acuerdo entre cuatro paredes si saben que tenemos poder. Quieren sacarnos de las calles porque saben que el poder está en nosotros. Por eso, mirar con desconfianza el despliegue de estos símbolos es un método simple para detectar los engaños y las trampas. Nos convenceremos de nuestro poder con cada paso que demos juntos por la calle, en cada marcha, cada día, hasta obtener todo lo que merecemos.

Por:
Ricardo Casas Tejeda
Escritor y periodista

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5 comentarios en “#LaColumna: Pequeñas grandes victorias”

  1. Que bien representas lo que muchos queremos decir. Muchos a quienes nos puede esa rabia profunda de los atópicos, no soy de aquí ni de allá. Por qué nos saben mal la izquierda acomodada y gatopardista y la derecha señorona y ladrona. Hermano querido. Gracias por rescatar esas pequeñas victorias de una historia paralela que le corre y avanza a la historia «oficial». Putas que te queremos!

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