#LaColumna: El arte como herramienta de resistencia y memoria: Grupo Lonquén.

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“Se aleja cada vez más el periodo de los subsidios, de las protecciones y de todos los alicientes de la pereza. El cambio no se realiza sin sacrificio y dolores.” (Domingo, 2 de Enero de 1977 – 3. El Mercurio). Y así fue, tal como declaran las páginas del diario El Mercurio en el ‘77. Su régimen del Horror se basó en el sacrificio y dolor de un pueblo. En la masacre del que pensaba diferente. Hoy, en un nuevo 11 de septiembre, sigue siendo necesario escribir y denunciar.

Aquel fue un día negro para el país y una generación entera fue sumida en las sombras del miedo. El 11 de septiembre quedó en la memoria colectiva como una mancha en el calendario, un día de los que duelen en medio del pecho y en la conciencia.  Pero la conmemoración de la barbarie militar brinda espacio para la memoria. Hoy miramos hacia atrás, nos manifestamos, salimos a la calle e, increíblemente, el país vuelve a ser una batalla campal. La guerra está declarada entre la gente y los pacos, pero también contra gran parte de la sociedad que sigue indiferente a los hechos. Han pasado 46 años, de silencio, de encubrimiento y aún no hay respuestas.

Hay gente que dedicó su vida a esta lucha, la de reivindicar los nombres de nuestros compañeros e increpar a una historia que miente y oculta sus cuerpos. Tras casi medio siglo las mentes se agotan y los brazos ya no se alzan tan alto como en la juventud. Para los testigos directos de la dictadura, los años no han pasado en vano. Entonces, la pregunta es: ¿cómo seguir en pie cuando tus pies pesan? ¿de dónde sacar la fuerza?

Existen mil y un formas de resistir, mil y un formas de hacer memoria, de movilizarse. Una de ellas es el arte. “El arte es un bien infinitamente precioso, un brebaje refrescante y reanimador, que restablece el estómago y el espíritu.” (Baudelaire 97). La más bella de las formas, pero que no pierde dureza en sus actos y en el mensaje. La música, danza, teatro, artes visuales, literatura, cine, fotografía y tantas otras; son herramientas de creación y expresión, pero también de resistencia y (re) construcción de la memoria. Podríamos teorizar un libro entero sobre este punto, citar autores y referentes de grandes nombres. Pero en este caso, prefiero compartir con ustedes un mensaje más valioso, más concreto y real.

El Grupo Lonquén nace en 1986, en medio del Chile de Pinochet, en la población Santiago. Un grupo de jóvenes de entre 15 y 17 años, con inquietudes comunes, que a través de la música se pronuncian contra la injusticia social y política que viven a flor de piel.

“En aquellos tiempos la dictadura en este país era fuerte y los jóvenes no teníamos nada”. Recuerda Pedro Santis, integrante actual y uno de los fundadores del grupo. “Por eso, cuando nos juntábamos, decíamos que no teníamos nada pero lo teníamos todo. El amor y el cariño son cosas que empezaron a renacer en una época donde hay desapariciones, muertes y tortura.” Afirma después. En sus palabras se rescata la capacidad humana de mirar hacia el frente, de ponerse de pie y seguir adelante pese a todo lo horrible.

Cabe destacar el contexto que se vivió en la población Santiago y alrededores (Nogales, Villa Francia). Estuvieron en el ojo de mira en más de una ocasión. “Nosotros salíamos del colegio y veíamos muertos en la población. Se escuchaban balazos en la noche o un allanamiento y amanecían uno o dos muertos por la represión” nos cuenta Luis Francisco González (Lucho Pancho), integrante también, desde los inicios.  Recalca que el Grupo Lonquén nace desde la impotencia. En su calidad de jóvenes sentían que no podían hacer mucho. El mundo se venía abajo con ellos y sus familias dentro. “Nosotros cabros chicos, viendo eso, y no sabíamos de dónde venía la mano. Después nos fuimos interiorizando y cuando éramos nosotros los protagonistas nos dimos cuenta que el que pensaba diferente se hacía merecedor de un disparo”.

Este entorno de temor generó en la gente un nuevo aire de hermandad. La idea de una comunidad nace desde la antípoda. “Aquí en las poblaciones la gente se empezó a unir por la misma necesidad, por la misma injusticia. Y el respeto por el otro, por el que no tiene, por el que lo está pasando mal, fueron cosas indispensables en nuestra formación” (Pedro Santis). Ya no era sólo una historia aislada, personal ni familiar. No eran uno, eran cientos los que compartían relatos de dolor. Se expande el concepto población al concepto país. Toda la nación vivía el duelo. Entonces, actuar era la única opción. “Lo único que teníamos claro era que teníamos que juntarnos y hacer cosas” (Lucho Pancho).

La música era, en un principio, el método perfecto de evasión. Les permitía dejar de pensar en la catástrofe, disfrutar y reír como merece cualquier jóven. Se juntaban a guitarrear en un espacio brindado por la iglesia obrera, ahí se conocieron y aparecieron las temáticas que guardaba cada uno: “decir no más, basta”, temáticas que se repetían con mínimas variaciones.

“Luis Francisco y Adolfo Cortéz (Lito) pertenecían a otro grupo musical, Lucho Pancho con la quena, Lito con la guitarra y el canto, yo aprendiendo a tocar guitarra, y Jorge Ríos, que el hermano tocaba batería y le enseñaba cuando era chico” (Pedro Santis). Así, desde la precariedad de la población, donde no había un gran respaldo económico, desde el underground santiaguino, se conforma poco a poco el Grupo Lonquén. Construyen melodías potentes, “Lonquén es fuerza” dice Luis Francisco; con letras poéticas y consistentes en su mensaje. Se consolidan en las peñas folclóricas, con su propia gente. Al mismo tiempo desarrollaban acción social con los niños de la población, talleres recreativos, tocatas, etc. Lonquén es del pueblo, son y siguen siendo un canto popular.

Aún en la vigencia, renovados y juntos nuevamente, Lonquén entrega una misiva al país y sus jóvenes: la resistencia y la memoria a través del arte. Nos invitan a no darnos por vencidos, a no callar, a levantar la voz contra las injusticias del pasado, las actuales y las que vendrán. Ellos tienen una concepción del tiempo, “la dictadura nos quitó la juventud” afirman, “pero no nos quitó la vida”. Siguen cantando con la misma fuerza de antaño, con un agregado adicional; la madurez y experiencia.

Lonquén es amistad y familia, es un legado para sus hijos, sobrinos, amigos y vecinos. Quienes se integran al trabajo musical y aportan a su continuidad. El ejemplo es concreto y cercano, digno de reproducir. A 46 años del Golpe, a 46 años de la tormenta más grande que ha asolado Chile, solo queda decir que la lucha sigue y seguirá. En la generación de Lonquén, de los desaparecidos, pero también en la nuestra y en las que vienen. Porque sin memoria no hay historia. Y si no hay historia estamos condenados a repetir los mismos errores una y otra vez en un círculo sin fin.

Integrantes actuales del Grupo Lonquén:

  • Adolfo Cortéz (Lito)
  • Piero Cortéz
  • Jorge Ríos
  • Luis Francisco González (Lucho Pancho)
  • Asiak González
  • Pedro Santis
  • Ignacio (El profe)

Silvana Freire Levín

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