#LaColumna: Ni perdón ni olvido, la Dictadura persiste

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Queridas/os compañeras/os, 46 años han transcurrido desde el Golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, que de una forma brutal puso fin al sueño del pueblo de Chile de lograr transformaciones políticas, económicas y sociales para hacer de Chile un país más inclusivo, solidario, y justo.

Consumada la victoria electoral en las urnas de la Unidad Popular, comienzan las maniobras conspirativas de los sectores más reaccionarios de nuestro país. La profundización de la reforma agraria hace que los grandes terratenientes y latifundistas reaccionen saboteando la producción, la nacionalización del cobre fue una estocada en pleno corazón al imperialismo; medida que a nuestro juicio selló la decisión de acabar con esta “experiencia de justicia social, democratizadora.

El presidente Allende consciente de las dificultades y de los peligros, que acechaban al proceso, al pueblo y a él como máximo representante de este, palpando el renacer del fascismo, encarnado en cada una de las acciones de conspiración y sabotaje impidiendo su gestión, solo le restaba la voluntad de defender el proceso con su propia vida; así como lo enunció el fatídico 11 de septiembre de 1973: “Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo” y así sucedió.

Salvador Allende fue una persona capaz de aglutinar y hegemonizar esperanzas y sueños, ya que el pueblo confiaba en él y esa confianza radicaba en la firmeza, convicción y pasión, con la que sustentaba sus ideas y valores surgidos de su auténtico compromiso. Salvador Allende fue capaz de develar de manera muy clara la diferencia entre los que pretendían detener la historia y los que empapados de esperanzas y sueños pretendían empujarla y conducirla.

Miles de compañeros/as que buscaban empujar y conducir este proceso, al igual que Salvador Allende, pagaron con su vida, su consecuencia y entrega. Miles de chilenos en todo el país se sumaron a la lista de los mártires del pueblo, a ellos recordamos y conmemoramos hoy. La jauría se desató en el momento mismo del Golpe y en el caso de la provincia de Osorno, son casi 60 las/os compañeras/os, que fueron víctimas del odio de los poderosos.

Ni perdón ni olvido para los criminales intelectuales y civiles, que con mano ajena ejecutaron los crímenes.

Ni perdón ni olvido para los autores materiales, de estos alevosos crímenes. En Osorno, Carabineros de Chile fueron responsables de haber asesinado y hecho desaparecer a 57 de los/as 59 víctimas, esto está establecido oficialmente en el informe Rettig.

Ni perdón ni olvido, tampoco, para aquellos que nos traicionaron, que nos escamotearon al pueblo la posibilidad de construir una democracia verdadera, cambiándola por un proceso de “transición», que nos llevó a una «democracia tutelada», de «impunidad desvergonzada», junto con el «mantenimiento del modelo salvaje de explotación». 

Ni perdón ni olvido, para aquellos que nos han llevado al país, a vivir en una mentira brutal, con una clase política desvergonzada y corrupta. Queriendo hacernos creer que «el pueblo derrotó la dictadura con un lápiz y un papel». La dictadura persiste hasta el día de hoy; administrada por civiles comprometidos en un pacto de impunidad y avaricia, en medio de mitos e imágenes falsas.

Ni perdón ni olvido para los traidores que han aplicado continuadas políticas en favor de la impunidad de las más graves violaciones de derechos humanos de la dictadura.

Ni perdón ni olvido, para aquellos que se han ensañado con los líderes sociales, y contra los líderes del pueblo – nación mapuche, aplicando le ley antiterrorista.

Ni perdón ni olvido para aquellos que hoy nos hablan de que debemos unirnos para poder doblegar a la Derecha. Tendrían que clarificar, a cuál derecha se refieren. Si a la derecha dura, corrupta y cómplice de los crímenes del dictador o a la otra derecha, a la que mimetizada de Izquierda engañó al pueblo, la que estuvo un par de décadas gobernando al servicio de los intereses de los dueños de Chile. De esa derecha que privatizó el Cobre, el agua, el litio, las carreteras, la energía, que regaló el borde costero indefinidamente a 15 familias y que entregó todos nuestros recursos naturales al poder financiero foráneo, a aquellos que administraron y profundizaron el modelo neoliberal, que nos impuso a sangre y fuego el dictador, a quienes nunca tuvieron real intención de realizar cambios estructurales y se dedicaron indefinidamente a maquillar este inhumano y brutal sistema.

Ni perdón ni olvido, para aquellos que no sólo nos traicionaron a nosotros, los que sobrevivimos, traicionaron a salvador Allende y a todos nuestros mártires que sacrificaron sus vidas por transformar a Chile en un país más justo y verdaderamente democrático, y además traicionaron a ese pueblo que a pesar del horror durante la dictadura, salía a la calle protestaba y resistía.

Queridos/as compañeros/as, si queremos que algún día en nuestro país “se abran las anchas alamedas”, debemos romper las barreras que la clase política corrupta y coludida nos han impuesto y que impiden que esto ocurra. El pueblo organizado, unido en torno a un proyecto de Izquierda, popular, que apunte a refundar este país a cambiar sus estructuras y que surja desde el pueblo y los trabajadores, y de las organizaciones sociales, es la solución. Debemos ser capaces de desarrollar este proyecto –país, y en torno a él construir esa unidad tan necesaria para avanzar.

Por respeto a nuestros mártires a quienes hoy honramos, hay que decir ¡basta! No queremos más de lo mismo.  

¡Arriba los que resisten y luchan!

¡Honor y gloria para nuestros mártires!

Nelly Cárcamo Vargas
Presidenta de la UNExPP de Chile

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