Carta abierta en respuesta a rectoría UTEM

Después de pensarlo todo el semestre, y de mantenerme al margen durante mucho tiempo, escribo estas palabras a modo de reflexión, con muchos sentimientos encontrados, desde la pena, rabia, y resistencia.

Espero de todo corazón que nunca más las estudiantes, y funcionarias de nuestra casa de estudios y de ninguna otra, vuelva a ser acosada, ni a experimentar lo que me tocó vivir a mí. El prácticamente nulo apoyo y acompañamiento, sujeta a medidas parches para enfrentar el ser acosada sexualmente, hostigada, ninguneada, víctima de violencia de género por parte de un profesor y un grupo de estudiantes de la facultad de Administración y Economía de la UTEM. La negación del caso por parte de compañeros y funas en redes sociales, llegando incluso a hacer una lista con firmas para que el académico fuera reintegrado, todo lo anterior por haberme atrevido a hablar.

Para mi es difícil creer lo que está firmándose en estos momentos, y con lo que menciono después de esto, quiero referirme a este semestre particularmente cuando en el día a día comparto las aulas con académicos que cuestionan mi relato echándole la culpa a mi forma de vestir y mis labios rojos, protegiendo a abusadores. Cuando a diario vivir en las salas de clases escucho el ninguneo y la subestimación por parte de profesores relacionados al área de economía a mujeres de altos cargos políticos, como al referirse como “esa señora” al hablar de la ex presidenta Michelle Bachelet de la cual no siento agrado político, pero tampoco le quito el reconocimiento del hecho de haber sido Presidenta de Chile (imaginen lo que es que ella sea subestimada, como deben referirse a nosotras, unas simples estudiantes), todo lo anterior se llama violencia institucional.

Se me hace difícil creerlo, cuando en más de una ocasión he tenido que ser mirada feo dentro de la sala de clases por asistir con mi pequeña hija de cuatro años, por no contar con un espacio para niñes. Incómoda al leer muchos correos, donde académicas plantean sus posturas sobre temáticas de género que, bajo mi percepción, no es más que un feminismo muy institucional y desde la academia. Soy sincera al plantear que siento desconfianza, ya que han sido cuatro años de acoso y hostigamiento por parte de académicos, particularmente de derecha, y estudiantes machitos de izquierda, quienes caen en persecuciones políticas y hasta actos de misoginia delante de todos.

No se trata de que sea una cacería de brujas al momento de decir que ojalá caigan todos, se trata de transparentar y de acabar con estos sistemas de opresión hacia nosotras. Se trata de dejar de normalizar que, en nuestras carreras y facultades, particularmente de ingeniería, exista una gigantesca brecha de género, que se presta para que tengamos finalmente una o dos profesoras por semestre, y a veces ni una sola. Además de algo más grave, la escasa presencia de mujeres en cargos altos, que tienen que competir junto a hombres con muchos más privilegios que ellas.

Me llama la atención el hecho de que la mayoría de los académicos del área y que la materia de economía, la planteen como una economía neoliberal. Y no sólo eso, que los académicos sean en su totalidad hombres, sabiendo que el neoliberalismo es el primer paso para oprimir y para la precarización de las mujeres en los diferentes aspectos de nuestras vidas y sociedad.

Debiésemos reconocer que nuestra casa de estudios al ser una universidad con un alto porcentaje de estudiantes pobres, muchos son la primera generación de universitarios en sus familias, y se dejan guiar e influenciar por el modelo de estudios, quedándose con la última opinión que entregan los profesores (hombres y bien machos en su gran mayoría), los que muchas veces se toman la libertad de cátedra para llegar a hablar incluso de nuestros cuerpos, y con esto me refiero a temas de la contingencia actual, como lo es el aborto. ¿Por qué académicos hombres se toman esta libertad de referirse sobre nuestro territorio como lo es el cuerpo, para evangelizar y profesar contra el aborto en cátedras como contabilidad o economía? Llegando incluso a decirnos asesinas a quienes estamos a favor y trabajamos por un acceso al aborto seguro. También académicos hablando contra los movimientos sociales y agrupaciones de izquierda que articulaban bajo la dictadura cívico militar, no hay que negar que, aunque no les guste, son parte de la historia reciente de nuestro país y es necesario reconocer su existencia para sanar las heridas de la dictadura y post dictadura.

Al igual que el petitorio de las demandas feministas, sería importante hacer cuestionamientos propios en materia de brecha de género, no es menor que sean tantos hombres en los cargos de toma de decisiones, más aún sabiendo la historia de nuestra universidad, que en más de una ocasión ha sido marginada e invisibilizada, seamos capaces de seguir repitiendo los modelos neoliberales que no tienen ningún aporte al ser mujer.

Es complejo ser de la UTEM, porque mi realidad no es la de las mujeres adineradas de las otras universidades prestigiosas de Chile, pues ingreso a una universidad precarizada, cuna de machos de izquierda, que en primer año me encerraron en un contexto de carrete universitario fuera de la u, uno en un baño, y otro en una pieza, mientras en la cotidianeidad recibía el acoso constante de un tercer compañero de carrera pidiéndome fotos sexys vía whatsapp, (actualmente mal llamado feminista), y un profesor acosador asumiendo que mi condición era de mujer heterosexual y tocándome la cara me decía en reiteradas ocasiones que si él tuviese 25 años, yo no me escaparía de sus redes. Todo esto mientras varios de los entes institucionales sabían y lo encubrieron. Apelo a lo de mujeres adineradas de otras universidades, porque mi condición de clase no me permitió irme a otra universidad, por el hecho de ser madre soltera, mapuche, hija de presos políticos, y por sobre todo, mujer pobre, tuve que quedarme porque mi carrera universitaria era la única opción de dejar de cumplir con la norma de mi familia, de criar y criar hijos y seguir siendo pobre. A costa de lidiar con un montón de acosadores y de seguir compartiendo hasta el día de hoy las salas de clases con estos, e incluso siendo evaluada mal por mi desempeño como estudiante ya que, según este profesor acosador, que a raíz de mi denuncia en julio del 2017 fue desvinculado el semestre pasado, no era capaz de redactar un trabajo porque estaba muy bien escrito, y no había sido yo, llegando a cuestionarme intelectualmente a través de gritos, en otras ocasiones haciendo referencia a mis atributos de mujer para llegar a un alto cargo por sobre mis capacidades, además de lanzarme besos, guiñarme el ojo, miradas coquetas, y mirar mi cuerpo desde cintura, pechos y ojos diciéndome “por qué eres tan linda”, hablarme al oído, etc. Mientras en los pasillos se comentaba que “el profe es caliente”, “deberías sentirte bien porque el profe te encuentra rica y te tiene ganas”, “siéntate al lado de él y pasarás el ramo”.

Han sido años de resistencia y lucha contra el machismo y heteronorma impuesta por mis propios compañeros, y también compañeras de carrera y universidad, años de normalización a los diferentes abusos, marginación e invisibilización que recibimos las mujeres y estudiantes trans, que compartimos la casa de estudios en la UTEM.  Siglos de patriarcado en el mundo, esperemos que con este re-despertar de las mujeres del territorio de Chile, de Latinoamérica y el mundo, caminemos un poco más libres y seguras por nuestros espacios.

Finalmente reflexiono sobre las diferentes charlas o asignaturas en materia de género, feminismo o que se relacionan directamente con el ser mujer que podrían llegar a darse. Sería importante que sepan y tengan en consideración, a muchas no nos interesan reflexiones hechas por hombres, por muchos títulos que tengan y deconstruidos que estén, es hora de dejar de invisibilizar a mujeres y reconocernos por lo que somos, mujeres valientes y resistentes que seguiremos dando la lucha contra el patriarcado en todas las batallas y en todos los territorios. Me despido atentamente.

 

Kattya Contreras, activista feminista.

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